viernes, 31 de julio de 2015

El poeta peruano Pedro Granados escribe sobre Antonio M. Figueras

“Por otro lado, en medio del monocorde panorama general, también hemos podido toparnos con muy agradables sorpresas. Comprobar, por ejemplo, que excelentes poetas como Angela Valley, Jesús Aguayo o Antonio Moreno Figueras comparten los mismos sobresaltos de sus pares latinoamericanos: ¿cómo persistir en ensayar una voz personal en medio de tanto espejismo de mercado? u otra también pertinente y, quizá, más agobiante en Latinoamérica: ¿cómo sobrevivir sin perder el sentido del humor, sin que la política mate en nosotros lo mágico? Obviamente, en nuestra época hipercrítica nadie, mucho menos los poetas, quisieran que los tomen por ingenuos en política; mas, tampoco, creemos sea obligatorio tener que pensar y expresarnos siempre como si fuésemos ministros del interior. Sin embargo, a aquellas didácticas y, por lo tanto, simplificadoras preguntas nos responde de forma mucho mejor el poema “Esperanza”, del último de los poetas nombrados:
“Derrocado el corazón,
intento salvarme de la tragedia.
Hago como si no estuviera muerto”.

     Estimado, Pedro. Estas palabras suyas, publicadas en la revista “Babab” y referidas a mi obra, fueron como nombrarme caballero deprisa y corriendo para participar en unas justas… Me dirijo a usted porque quiero hacerle llegar mi último libro, “Ni lugar adonde ir”, publicado por “El Sastre de Apollinaire”. Me hace ilusión que tenga el libro físicamente, pero también, si lo desea, le puedo mandar un documento.

                         Un cordial saludo

                                                     Antonio M. Figueras


     
     Recibo, literalmente desde la nube, este correo de Antonio.  Mensaje del todo inesperado y casi dirigido a un otro yo, a uno que dejé en el camino.  Pero que todavía palpita, incluso para mí mismo, en aquella crónica que  –basada en los sucesos que viví en España el año 1988– titulé Desde otra margen: la última poesía española (2003).

     De la poesía de Antonio puedo decir que me sigue encantando; obra de un filólogo inspirado y de un poeta auténtico; que sabe no tomarse demasiado en serio. La risa que es prueba de vida y de entendimiento; que ya lo sabía y lo aplicaba a su aire nuestro César Vallejo.

     Paso a copiarles algunos poemas de su reciente poemario, Ni lugar adonde ir.

ZONAS COMUNES

Estación de Santa Justa.
Mi primer viaje
después del coma.
Y en esas estábamos los dos.
Charlando de nuestros asuntos.
Todo normal
si no fuera porque
no le recordaba de nada.
Así son las cosas,
porque alguien así lo dice,
como que tú eras muy puta
y de Murcia.
No iba yo a llevarle
la contraria
al psiquiatra.
El AVE demostró
que soy capaz de hablar
con cualquiera.

* * *
UN VIRUS HOMÉRICO

Siempre me consideré un troyano.
Antes que sudista.
Pero no creo en la belleza de la derrota
ni en que una mujer pueda incendiar
el mundo.
El destino ya no cuenta
entre mis tropos.
Intuyo, no obstante,
que en esa ciudad,
entre esas gentes
ardiendo,
una vez descansó
mi corazón.



Reseña de Miguel Ángel Valero sobre NI LUGAR ADONDE IR

NAUGRAFIO DE UN DESTINO SIDERAL por Miguel Ángel Valero

Antonio M. Figueras retrata al ser humano y a su destino en “Ni lugar adonde ir”.  
13/03/2015

En “Ni lugar adonde ir” (El Sastre de Apollinaire, 80 páginas) se nota que Antonio M. Figueras es licenciado en Filología Hispánica, además de serlo en Periodismo. Y que tiene ya una gran experiencia en esto de escribir poemas. Ha publicado “Poemas Complutenses” (1989) y “Nadie pierde siempre” (2006), entre otras obras.
     Figueras cuida las palabras, las estira, las retuerce hasta que dan todo lo que tienen dentro, incluso los sentidos más ocultos. Todo para retratar al ser humano y a su destino, tan bien expresado en el título de la obra.
     El ser humano, “náufrago de un destino sideral”, “forzado pasajero del tiempo”, se embarca, en medio de “la negrura total de una eternidad de arena”, en un “viaje sin retorno, hermético, inoxidable”. Allí “donde la soledad adquiera su verdadero contorno”, que es “la entraña del vacío”.
     Ese “líquido trayecto” hacia “algún puerto, lejano, adonde ni siquiera llegue el infinito”, para encontrar “sólo un camino sin señales que me lleva a parte ninguna”. Y “alojarse en el sueño de un recorrido sin vuelta”.
     Un viaje que transforma al ser humano en “un kamikaze en la inmensidad de la galaxia”, donde “la memoria se incendia hasta morir” y donde “la arena trabaja a destajo como espía del tiempo”. “Ese asesino de esquinas que bailó entre besos de café y que sólo nos dejó unas fotos borrosas y una música sin futuro”.
     Aunque reconoce que “todas las generalizaciones son odiosas”, también proclama que “todos los ríos sois iguales”, para preguntarse “hasta qué punto solo somos agua”.
     Ese viaje sirve para descubrir que “nada es eterno, ni siquiera la muerte”. Que es “buen momento para confirmar que llevamos muertos muchas vidas”.
Y, por encima de cualquier sensación, una idea: “todo seguirá siendo impostura”.


 

Reseña de Santos Domínguez Ramos sobre NI LUGAR ADONDE IR

No vine hasta aquí
buscando compañía.
Rechazo a los pioneros.
Marco Polo,
Maqroll, Ulises,
Colón
son para mí navegantes
sin sentido.

No hay aventura
en mi propósito.
Soledad tampoco
sería el objetivo
exacto.
Sólo un camino
sin señales
que me lleva
a parte ninguna.


Ese texto, Acto de fe, resume algunas de las claves de Ni lugar adonde ir, el último libro de Antonio M. Figueras que publica El sastre de Apollinaire.
Organizado en tres partes –La tarea del astronauta, Ciencias sociales y Conmigo- que trazan un recorrido de fuera adentro, Ni lugar adonde ir aprovecha la antigua idea de la vida como un viaje o como una navegación condenada al naufragio para actualizarla en un itinerario en el que importa menos lo exterior que lo interior.
Porque el de este libro es un recorrido hacia el fondo de uno mismo, ese Conmigo de la tercera parte, una búsqueda interior que desde el espacio astral se sumerge en lo hondo con paradas intermedias en el puente de Brooklyn, en la estación de Santa Justa o en Lisboa para acabar en el centro tras una singladura que había empezado en el espacio, desde este Punto de fuga:

Es hora de fugarse, 
huir a algún lugar
que no se encuentre
en las cartas de navegación,
donde la soledad adquiera
su verdadero contorno.
No hacia el sur, norte, este, oeste,
ni hacia arriba o hacia abajo.
Al centro mismo de la nada,
para cerciorarme de que ya no quedan
rastros de mí
en ningún sitio.

Poesía de línea clara, confesional y emocionada a veces, sombría a menudo, superviviente en su resistencia siempre, porque La vida sigue, / y no sabes cuánto.
Y a veces el tono es tan desalentado como en El futuro ya está aquí:

Vendrán días peores, 
sin noches.
O simplemente 
no vendrán nada
ni nadie.

O se permite un guiño humorístico como en Heráclito Fournier:

El río no es el mismo, 
pero el cauce tiene memoria
del sabor de la corriente.
En este viaje, más interior que exterior, acaba importando más el tiempo que el espacio. Y es que los poemas de Ni lugar adonde ir dibujan el mapa de una huida a ninguna parte, de un viaje lleno de incertidumbres, de una navegación o naufragio que encuentran el puerto seguro en el pasado, en un tiempo fijado en la memoria que permite reconstruir la identidad propia desde la conciencia de las limitaciones y la asimilación de la finitud.
Así lo expresa en uno de los poemas finales, Conclusiones, que termina con estos versos:

Tras pasarme la vida 
leyendo poemas 
que no entiendo 
comprenderé 
por fin 
que todo lo que destruí 
era hermoso.

Santos Domínguez
 

viernes, 5 de junio de 2015

CAFÉ HAFA – Verónica Aranda

 CAFÉ HAFA 
Verónica Aranda
Prólogo de Álvaro Valverde 
Madrid, 2015  
Colección Poesía, nº 8
82 páginas, 21 x 14 cm.
Rústica con solapas
ISBN: 978-84-938931-7-0
Precio: 10 euros (IVA incluido)


*  *  *

EL LIBRO:

CAFÉ MABROUK

Elijo la quietud,
aquella metafísica que gira
en torno a las teteras,
donde hay una tiempo líquido, humeante
que transcurre entre juegos de tahúr.

El tiempo medieval de relojes de arena
y de los matemáticos.

El tiempo en que el joyero corta láminas de ámbar
y el comerciante es verbo y oratoria,
entre los cofres y la platería
y gargantillas bereberes.

El tiempo de la muerte
que pasa por el zoco en parihuelas,
del amante que busca manchas de nacimiento
como revelaciones.

El tiempo en que te escondes
y te imagino en una casa antigua
donde entra poca luz
y retumba el bullicio
del sur de la medina.
   
Bajo uno de los arcos
la imprecación de los mendigos.
Recuerdos de una tarde en Udaipur.

El perfumero mezcla
lilas y bergamota.

* * *

MUERTE EN VENECIA
             
Dejar que el tiempo sea esta evasión
en la sala de cine,
esta mezcla de planos y ciudades de agua,
cuando contamos a desconocidos
una verdad desconcertante
después de haber estado frente al mar,  
frente a la duda y la desidia,
frente a amantes que observan a través de biombos.

Esta penumbra del cinematógrafo
nos restituye lo dejado atrás:
un estío remoto, la costumbre
de ascender las colinas de gladiolos salvajes  
donde te revolvía los cabellos.

Aschenbach come fresas,
el tinte le chorrea por las sienes,
su delirio está hecho de música y efebos.
Busca el último soplo de embriaguez.
Pasa a cámara lenta la Belleza.

* * *

OFICIO DE ESPERAR

Oficio de esperar
en esos bares con biombos rojos
donde todas las citas son inciertas
y mienten los amantes
que no asumen el riesgo de ciudades portuarias.

Oficio de esperar
y ese suspense,
esa bella ignorancia del origen,
cuando dudamos de los barcos
y el miedo flota en jarras
de cerveza de baja graduación.

La noche será larga, perfilada
en las ojeras de las prostitutas.
Y al final el sentido
no estará en esperar, ni en los reproches,
ni en escondernos de los compatriotas.

Habrá un abismo y en el centro mirtos.
Y ese hábito oscuro, esa sospecha,
el aislamiento que nos humaniza.

LA HIJA – María García Zambrano

 
LA HIJA  
María García Zambrano
Madrid, 2015  
Colección Poesía, nº 7
82 páginas, 21 x 14 cm.
Rústica con solapas
ISBN: 978-84-938931-6-3
Precio: 10 euros (IVA incluido)


*  *  *

EL LIBRO: 

Soy la dulce letanía de los niños muertos en este hospital.
La silenciosa que seca sus lágrimas.
La que reza por cada neonato.

Soy el asombro el miedo          el ahínco
el paso firme por baldosas que se mueven.
(Mis labios pueden amar la espina
besar los bordes afilados de la rosa).

Soy la madre asistida por la madre
y firmamos el armisticio con los bisturíes.
(Mi cuerpo se bate contra la patología).

Soy la escriba que registra el latido
de una vida encarnada en la magia.
(Las manos no se ahogan en un mar que anega
camillas y goteros).

Soy recipiente de un líquido inflamable.
La tierra el surco el árbol
la luz alógena de este amanecer.

(Hundo mis pies en lo real y te libero, hija mía,
de los falsos sabios).

* * *

LA HABITACIÓN DE TRÁNSITO


Las motitas de polvo que flotan en la luz saben que el cuerpo no está para la despedida. La puerta se cierra a la metáfora de la muerte. La madre no acompañará al cortejo de batas y endoscopios y fauces que mastiquen lo que queda.
     Atardece y un haz te atraviesa como un ser que hubiera venido a despertarte, a poner una bomba al otro lado de este cuarto.

* * * 

LA VIDA


Respiraré por ti.
Atraparé todo el aire de este y otros mundos
que voy a inventar
para que caminemos juntas.
Inventaré una galaxia
para que llegues a lo alto
y extiendas tu mirada por encima de los dioses.

Respiraré por ti.
Seré tus ojos y en ellos
guardaré el mar
(con las manos de mi padre conteniendo la espuma
y todos los moluscos que se aferran a la roca).
Inventaré un mundo acuático para que flotes y te sumerjas
serás el pez más veloz.

Respiraré por ti.
Multiplicaré mis alvéolos
y miles de luciérnagas y estrellas y la luz
entrarán por tu piel como caballos que vuelan
libres e iluminados.
Un amor limpísimo disolverá la enfermedad.

Respiraré por ti.
Seré tu lengua
con todas las palabras que existen y otras
babel entre tus dientes
la historia que contaremos a tus hijas.
Respiraré por ti

hasta que ya no quede savia en este cuerpo
entonces

inventaré otra vida para seguir respirando.


Verónica Aranda

Verónica Aranda (Madrid, 1982) ha vivido en Italia, Bélgica, Portugal, India y Marruecos. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense. Ha recibido los premios de poesía Joaquín Benito de Lucas, Antonio Carvajal de Poesía Joven, José Agustín Goytisolo, Arte Joven de la Comunidad de Madrid, Margarita Hierro, Fernando Quiñones, Antonio Oliver Belmás, El Buscón y el Accésit del Adonáis 2009, entre otros. Ha publicado los poemarios: Poeta en India (Melibea, 2005), Tatuaje (Hiperión, 2005), Alfama (Centro de poesía José Hierro, 2009), Postal de olvido (El Gaviero, 2010), Cortes de luz (Rialp, 2010), Senda de sauces (99 haikus) (Amargord, 2011), Café Hafa (Tres Fronteras, 2012) y Lluvias Continuas. Ciento un haikus (Polibea, 2014).
     Ha traducido al castellano poesía portuguesa y brasileña contemporánea y al poeta nepalí Yuyutsu RD Sharma, Poemas de los Himalayas (Juan de Mairena libros, 2010. 2ª edición Nirala, Delhi, 2015). Colabora en varias revistas de creación y crítica literaria. Ha participado en encuentros internacionales de poesía en Portugal, India, Marruecos, Colombia y Cuba.
     Mantiene el blog Poesía nómadahttp://veronicaaranda.blogspot.com




María García Zambrano

María García Zambrano (Elda, 1973) es licenciada en Periodismo, posee estudios de doctorado en Literatura en la Universidad de Sevilla, postgrado en Letras Modernas en la Universidad Paris-Saint Dennis, estudios de semiótica en la Universidad de Lima y seminarios de literatura argentina en Buenos Aires. Trabaja como profesora de Lengua Castellana y Literatura en Madrid.
Tiene publicados los libros El sentido de este viaje (Alicante, 2007) y Menos miedo (Madrid, 2012. Premio Carmen Conde de la Editorial Torremozas y semifinalista del Premio Ausiàs March al mejor poemario del 2012 del Colectivo Addison de Witt).
       Parte de su obra está recogida en las antologías: Voces Nuevas XX (Editorial Torremozas, 2007), Poesía en Sidecar (Huerga y Fierro. 2013, 2014), En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis. (Bartleby Editores, 2014), El salón Barney (Playa de Ákaba, 2014), Voces del Extremo 2014 (Editorial Amargord), 28/28 La Europa de las escritoras (Gobierno de Cantabria, 2015)  y Amor se escribe sin sangre (Editorial Lastura, 2015).
       Su poesía aparece en revistas como Nayagua, Escritores en Red, Duoda o Tendencias 21. En 2015 publica en la revista La de la asociación cultural Tres en suma, de Madrid.
       Ha sido colaboradora en Radio Círculo, del Círculo de Bellas Artes, con un espacio sobre poesía escrita por mujeres; coordinadora del taller Compartir poesía, de la Fundación Entredós, y forma parte de la asociación de escritoras Genialogías.
       Sus versos han sido traducidos al rumano y al portugués. Su blog es: www.partirdeahora.blogspot.com




jueves, 5 de febrero de 2015

NI LUGAR ADONDE IR – Antonio M. Figueras


NI LUGAR ADONDE IR
Antonio M. Figueras
Madrid, 2015
Colección Poesía, nº 6
86 páginas, 21 x 14 cm.
Rústica con solapas
ISBN: 978-84-938931-5-6
Precio: 10 euros (IVA incluido)


*  *  *



EL LIBRO: 
(extracto de poemas)

THE DARK SIDE OF THE MOON

Yo también me olvidé

de cumplir las promesas.

Ahora me arrepiento.

Quise llevarte a la Luna

y luego a Marte.

Para zanjar este asunto

admitiré que me salió otra misión.
Realmente, querida,

no te has perdido nada.

Todo eran inconvenientes.

Te has librado

de un lánguido trayecto.

No soy estrictamente
un explorador.

Y tú lo sabes.

Pero todavía tengo
un secreto para ti.
Nunca descubrí
lo que alberga la cara
oculta de la Luna,
porque cuando llegas allí
inevitablemente
siempre queda otra parte
escondida.

* * *

ACTO DE FE

No vine hasta aquí
buscando compañía.
Rechazo a los pioneros.
Marco Polo,
Maqroll, Ulises,

Colón

son para mí navegantes
sin sentido.

No hay aventura
en mi propósito.
Soledad tampoco
sería el objetivo
exacto.
Sólo un camino
sin señales

que me lleva

a parte ninguna.

* * *

APOCALYPSE NOW

Sobre los campos de té
se levanta la esperanza,
azul,

como el resto de los días.

En la estación de las lluvias,

nuestro amor nos hará dignos
a la tierra
y a los antiguos soldados.

Al cruzar el río

se amontonó el agua

y tuve que llorar

porque descubrí

que nunca sería inmortal.

Mi amada es adorable,

incluso cuando no practicamos sexo.
¿Por qué lloras?

Y me consuela de mi destino mineral.
¿Morirse?

Mucha gente lo hizo antes.

Cómo te quiero,

mi pequeña flor de loto.

Me sabe mal seguirte engañando

con eso de que soy periodista.

Lástima que me tenga que ganar la vida
matando vietcongs.

* * *

POR EL PUENTE DE BROOKLYN

En el puente de Brooklyn,
hace sólo un instante,

un hombre comía sandía.
Ahora un infarto
le ha partido

el corazón, y por consiguiente
el alma.

Por el puente de Brooklyn,
un adolescente,

al que Federico García Lorca
inició como chapero,
se ha tirado al vacío
para salvar la vida.

Cerca del puente de Brooklyn
se balancea mi soledad.

Una mujer me mira

mientras un viejo marinero
que se llamó Jack
se interpone en mi camino.

Quizá entonces perdí mis días,
aunque el dolor a veces

carece de disciplina.

EL AUTOR:

ANTONIO M. FIGUERAS (Madrid, 1965) es licenciado en Filología Hispánica y Periodismo. Ha publicado Poemas Complutenses (Colección Abraxas, 1989) y Nadie pierde siempre (Amargord, 2006). Participó, junto a Miguel Ángel Muñoz Sanjuán y José Casas, en la edición de la antología poética bilingüe de Cummings, Buffalo Bill ha muerto (Hiperión, 1996). Sus poemas figuran en las antologías Poesía ultimísima. 35 voces para abrir el milenio (Ediciones Libertarias/Prodhufi, 1997) y Milenio. Ultimísima poesía española (Celeste. Sial Ediciones/Contra- punto, 1999) y en las revistas Malvís y www.calidoscopio.net


Antonio M. Figueras

ANTONIO M. FIGUERAS (Madrid, 1965) es licenciado en Filología Hispánica y Periodismo. Ha publicado Poemas Complutenses (Colección Abraxas, 1989) y Nadie pierde siempre (Amargord, 2006). Participó, junto a Miguel Ángel Muñoz Sanjuán y José Casas, en la edición de la antología poética bilingüe de Cummings, Buffalo Bill ha muerto (Hiperión, 1996). Sus poemas figuran en las antologías Poesía ultimísima. 35 voces para abrir el milenio (Ediciones Libertarias/Prodhufi, 1997) y Milenio. Ultimísima poesía española (Celeste. Sial Ediciones/Contrapunto, 1999) y en las revistas Malvís y www.calidoscopio.net.

Poema inédito de José Kozer para Amaranta Freya

Amaranta
Freya
existe:
en las inmediaciones de La Habana, hacia
            Bejucal: come una vez al
            día ensalada de pétalos
            (flores azules de jardín)
            (ejemplo: la espuela de
            caballero) le sigue un
            trozo (cacho, dice
            Amaranta Freya) de
            calabaza, hay que
            verla hacerlo puré,
            tridente en mano:
            el tridente, y no miento,
            que acompañó más de
            un siglo (época de
            Pericles) a Poseidón.
            Duerme
siesta
cuarenta
y
cinco minutos sumida entre mogotes, cujes
            donde en vez de hojas
            de tabaco ponen a secar
            ramilletes de azahar para
            las novias de costumbres
            morigeradas, parecen
            surgir de poemas de
            Tablada, Baquero, del
            Curazao de Pellicer.
            Amaranta
Freya
no
solo
existe sino que es acto inmanente, argumento
            ontológico que demuestra,
            a todas luces, cómo del
            soplo vital del Altísimo
            encarnó una diosa de
            doce brazos, el unicornio,
            el ave Roc, y un pájaro
            iraní que a diario baja de
            un sitio de témpanos de
            hielo, llega a La Habana,
            se disfraza de totí, se
            contonea, planea en
            aires demasiado livianos
            para su costumbre: y se
            va a pernoctar en unas
            alamedas venidas a
            menos en el Paseo del
            Prado.
Añádase que Amaranta sueña durante la
            siesta con versos de
            Apollinaire. Este: "El
            ahorcado la bella
            máscara y el hombre
            sediento". Imposible
            saber si este verso
            es un aporte al acervo
            de la poesía procedente
            de Apollinaire o de
            Amaranta Freya.
Siglo
XXI,
siglo
de calamidades: todo no obstante va a estar
            bien siempre y cuando
            Amaranta regrese una
            vez al año, hacia el
            solsticio de invierno,
            a las inmediaciones
            de La Habana, hacia
            Guanajay: y donde el
            día declina, tridente
            de acero inoxidable
            en mano, desentierre,
            disfrazada de Ceres,
            las calabazas ora
            azules ora rojas (una
            que otra blanca)
del
almuerzo.
JOSÉ KOZER