martes, 22 de julio de 2014

Reseña de Agustín Calvo Galán sobre NAÏF, de José Kozer, en Revista de Letras 22-7-14

Las mesas de novedades y los escaparates de las grandes librerías suelen estar copados por los grupos editoriales con más empuje económico. Eso parece, hasta cierto punto, característico de la narrativa, con sus renombradas firmas, sus grandes tiradas y aún más suculentos premios. Pero también lo es de la poesía, donde un puñado de editoriales machaconamente imponen un monocultivo de nombres y estilos, ocupando espacios de visibilidad, como lo haría un cucú, intentando no dejar sitio a nada más. El panorama de se vuelve aún más desolador si a ello le añadimos que el público lector de poesía es ínfimo. Pero, no cabe la desesperanza, la poesía sigue bien representada en las librerías con oficio, y un sinfín de pequeñas y medianas editoriales luchan denodadamente no tanto por subsistir, pues aparentemente tienen la batalla perdida de antemano, sino por publicar otra poesía, poesía ajena a los círculos promocionales, a la casuística de un mercado casi inexistente.
Una de estas pequeñas editoriales es la madrileña El Sastre de Apollinaire, comandada por Agustín Sánchez Antequera, que en los últimos cuatro años ha publicado cinco libros. Dicho así: publicar cinco libros en cuatro año, casi parece un despropósito o un desastre, pero no, es un gran triunfo, pues cada uno de esos cinco libros son excepcionales por su calidad y su planteamiento estético.
El sastre de Apollinaire
El sastre de Apollinaire
Entre los libros editados por El Sastre de Apollinaire podemos encontrar obras de poetas españoles actuales muy interesantes como Luis Luna y Ana Martín Puigpelat. El último, acabado de aparecer, es de José Kozer (La Habana, 1940) y se titula Naïf. En este caso la editorial ha dado un salto hacia América para traernos la obra de uno de los poetas cubanos, con raíces judías centroeuropeas, establecido en los EE.UU. desde los años 60, con más vasta obra, y de quien, por cierto, la editorial Amargord también acaba de editar un libro en España (Para que no imagines, 2014).
Naïf presenta una poesía torrencial, en la que el poeta nos propone un viaje por los escenarios y las estancias de su vida, desde los acentos y matices intelectuales por los que ha transitado; también desde una estética de contrastes, cortando higiénicamente los versos y uniendo palabras de campos semánticos diferentes, creando bellas sonoridades y poderosas evocaciones. Indudablemente, la amalgama cultural que el propio autor representa nos empuja a adentrarnos en este libro ahuyentando cualquier prevención apriorística contra lo barroco. Así, contiene referencias intelectuales y populares de todo tipo y procedencia: como por ejemplo las pictóricas, desde su propio título, y que nos recuerda la exuberancia tropical a la vez que la pincelada nada academicista de los cuadros de un Henri Rousseau. En los versos de Kozer:
Suave, la sombra, el cuerpo sumido a la sombra,
se posa el cernícalo,
sólo un contorno.
Al fin, una sólida ingenuidad primigenia, tan necesaria en los días que nos ha tocado vivir, se une en los versos del poeta cubano a un viaje hacia la experimentación con el lenguaje, que se busca o reinventa en la maestría no de lo clásico sino de lo diferente. Naïf es poesía de corredor de fondo, que hace del español un ámbito por el que transitar sin miedos hacia una creatividad arrolladora.
Frente a las grandes editoriales tradicionales, también las de poesía, que no paran de editar libros, ansiosas por no dejar vacías las estanterías ni las mesas de novedades de las librerías, una editorial pequeña solo tiene un camino a seguir si quiere perdurar: trabajar con dignidad creando obras sin prisas y buscando lo excepcional, pues la lentitud y la excepción es algo a lo que las editoriales consagradas no suelen arriesgarse.
Agustín Calvo Galán. 
Revista de Letras
Enlace original: http://revistadeletras.net/el-riesgo-de-lo-excepcional/

viernes, 4 de julio de 2014

Reseña sobre NAÏF en La Columnata por Luis Luna

Aquí dejamos esta reseña aparecida en la recita cultural La Columnata sobre Naïf, de José Kozer. 

Enlace original: http://lacolumnata.es/cultura/territorio-en-penumbra/naif-de-jose-kozer



‘Naïf’, de José Kozer

 | junio 17, 2014 | MISCELÁNEA CULTURAL » Territorio en penumbra »

Nacido en Cuba, de padres judíos, José Kozer es uno de esos poetas que han pasado la vida en la soledad de su creación, sin casi reconocimientos, lo cual no ha impedido que la calidad de su obra sea hoy indiscutible si hemos de tener en cuenta la opinión de los críticos y los propios poetas. Lo edita ahora la colección “El sastre de Apollinaire”, dirigida por el esforzado Agustín Sánchez Antequera.
…………Naïf continúa con la indagación neobarroca que es propia del poeta, acumulando piezas en ese tablero universal que es el poema. Las voces se entremezclan con los jirones de una historia donde lo ‘naïf’ es tal vez el pegamento, tal vez una especie de suturaEl sastre de Apollinaire, Agustín Sánchez Antequera que cose los costurones del cuerpo único que es el texto que se nos presenta. Texto torrencial en el que cada resorte salta al contacto del otro, donde un verso completa el anterior y da paso al siguiente, en una partitura polifónica nutrida de acentos y giros propios y adoptados como en una gran voz final, resultado de la acumulación de todos esos elementos.
…………La acumulación a que hacemos referencia no debe confundirse con abigarramiento, con una descolocación absurda o desastrosa. Nada más lejos de la realidad. Los edificios que construye Kozer son de una perfección casi geométrica, en la que todo está colocado con una precisión de relojero. Esa precisión es la que justifica la obra de Kozer, la que hace encajar todas sus piezas y también, por supuesto, la que hace avanzar su libro. Un libro en el que encontramos mitología, eros, anécdota, trascendencia. Y todo ello sin aparente contradicción sino como vehículo para el poema, para la larga marcha en la que se interna el lector y que solo acaba cuando los poemas quedan reverberando en él, como una lujuriosa letanía que arrebatase toda capacidad de defensa. En consecuencia con esto, el armamento pesado del poeta va a ser la imagen, una imagen construida en función de relaciones que se van construyendo en el contexto del propio libro. No necesita el lector referencias externas, aunque pueden ayudarle en la tarea de una intelección más certera. Sin embargo, la visión inmediata, aquella que queda grabada para siempre, no necesita de apoyaturas extratextuales. Así se instala el poeta en la poesía más franca, en un adanismo atisbador explicitado en el título. Kozer es, más que nunca, un sastre al que seguro Apollinaire aplaudiría.


LUIS LUNA

miércoles, 2 de julio de 2014

Eduardo Moga escribe sobre José Kozer y Naïf


Queridxs amigxs:

Encontramos esta entrada en el blog de Eduardo Moga, poeta, crítico y editor. Esperamos que sea de vuestro agrado. 


Eduardo Moga

LA INGENUIDAD DE JOSÉ KOZER

Miércoles, 25 de junio de 2014
Recuerdo a José Kozer de una visita a Barcelona. Han pasado muchos años ya -debía de ser el 2000 o 2001-, pero su imagen sigue viva en mi memoria. Leía poemas en el Pati Llimona, uno de esos palacetes municipales que le sirven al ayuntamiento para hacernos creer que le importa la cultura. Resulta que un libro suyo, Dípticos,había inaugurado una nueva colección de poesía, la de Bartleby Editores, cuyo segundo volumen había sido mi El corazón, la nada. Aquella cercanía me había llevado a leerlo, con sorpresa primero, casi con pasmo, y con devoción después. Me gustaron los poemas que recitó -aunque su impacto en nuestra sensibilidad siempre es distinto del que produce la lectura en silencio-, pero, sobre todo, no he olvidado algo que dijo entre uno y otro, en passant: "Ahora que tengo, como en un sueño, sesenta años...". Como en un sueño, sí: hoy, cuando soy yo el que ha cumplido cincuenta, entiendo esa fugacidad de la que hablaba el cubano: cinco décadas, seis décadas, evaporadas; pronto, la vida entera. Y todo parece, en efecto, un sueño. También recuerdo, de aquel encuentro, algo que le dijo, con mucho desparpajo, una poeta al acabar la lectura: "Yo también soy poeta". Y yo, que esperaba en la fila para saludarlo, como ella, y hacer que me firmara alguno de sus libros, me quedé asombrado por aquella equiparación: cuánto engreimiento hacía falta para formularla. Que aquella mujer se situara a la altura de Kozer era como si Stephen Hawking le dijera a Messi: "Yo también soy futbolista". Tras la lectura, estuve charlando un rato con Kozer y con su mujer, Guadalupe, que me parecieron de trato franco, muy cordiales. Luego, durante algunos años, mantuve el contacto con el poeta, cuyas cartas -entonces aún no había correo electrónico- eran puntuales y cumplidísimas. Recuerdo también que en una me confesó que había dejado de cartearse con Antonio Gamoneda, porque su caligrafía rúnica se le hacía imposible de entender. Lo comprendí: leer la correspondencia de Antonio, o cualquier manuscrito suyo, constituye un doloroso ejercicio de descriframiento, que no siempre se culmina con éxito. Tras un tiempo, la comunicación se espació y, por fin, concluyó, como sucede tantas veces a lo largo de la vida, incluso con gente que ha sido muy cercana: la distancia tiene una extraordinaria fuerza separadora, aunque no afecte a lo esencial: a los sentimientos. Yo he seguido leyendo a Kozer con fidelidad y admiración, y no me ha sido difícil hacerlo, porque pertenece, como Juan Ramón Jiménez, como Manuel Álvarez Ortega, a esa rara estirpe de poetas para los que componer poemas es una actividad diaria, central, constante, consuetudinaria, como comer o dormir; una actividad que justifica la existencia, y que le da continuidad. Desde Dípticos, el libro gracias al cual lo conocí, Kozer ha publicado más de una veintena de poemarios. Da ahora a conocer Naïf, en la joven y novedosa editorial El Sastre de Apollinaire. La poesía de José Kozer se considera neobarroca, aunque sería más exacto calificarla de barroco filtrado por la vanguardia o, mejor todavía, de conceptismo filtrado por el expresionismo. Sus dos padrinos, según ha puntualizado el poeta, son San Juan de la Cruz y Ludwig Wittgenstein. Sus versos son aluviales y rizomáticos: «Las florestas de la palabra se han hinchado», ha escrito. Y no es casual esta metáfora botánica: su obra, y también este Naïf, está plagada de árboles y plantas; en general, de cosas materiales y cromáticas: flores, frutos, animales, joyas. Sus poemas desprenden una luz selvática, como si el sol se hubiera astillado por entre las hojas-palabra. La presencia de Cuba es palpable: en la exuberancia léxica, de corte lezamiano (parafraseando a Severo Sarduy, Kozer es a Lezama lo que Lezama es a Góngora lo que Góngora es a Dios), en la sonoridad y sensualidad de los referentes, en la profusión de cubanismos. Y también en la evocación de la familia del poeta, que le proporciona un copioso arsenal de motivos líricos. Kozer recuerda con frecuencia a su padre, que era judío, inmigrante y sastre –como el de los hermanos Marx–, y a su abuelo y su mundo hebraico: sus textos devienen «conglomerados de expresiones de mi infancia». También Guadalupe goza de una presencia constante en sus poemas, pero nunca idealizada, sino pegada a la realidad, expuesta en sus actos más nimios, más íntimos: «Voy a contabilizar las meadas de Guadalupe.// Cada vez que se siente a orinar en la taza del/ inodoro voy a poner/ una flor verde en el/ búcaro de la sala.// Una media de doce veces, pongamos, que/ orine: un ramillete/ de flores variado». (Como todo buen poeta, Kozer no teme la vulgaridad: la vulgaridad, incluso lo soez, es otro recurso poético, u otro desafío). Guadalupe no es Laura ni Beatriz, pero no representa menos a la amada que ellas. Estos hechos biográficos, cotidianos, se expanden en inacabables bucles verbales: de pequeñas cosas, de lugares insignificantes -moscas, sillas, flores, manzanas-, Kozer compone vastos poemas. En general, las cláusulas de sus versos se acoplan como vagones de un solo tren elocutivo, que avanza sin detenerse, entre bufidos silábicos y rechinar de paréntesis. Los poemas de Kozer nunca se sabe cómo operan ni qué pretenden: atendemos a ellos como a una enramada que crece o a un ciempiés que serpentea entre la grama. Su glosolalia es, en realidad, un grifo verbal, cuya abertura, no obstante, alberga un propósito: el de transformar en lenguaje los procesos interiores de captación e interpretación de la realidad. Como ha observado Reynaldo Jiménez, su «inconfundible sintaxis capta (…) los facetados procesos de transmutación de lo percibido», y las composiciones de Kozer documentan «una maraña de pensamientos intermitentes». Su desafío estriba en darles consistencia sin reducir su culebreo de cosa viva y naciente: «mi solaz son mis poemas (mi verdadero simulacro). Correr estilizado de unas palabras a la deriva (la poesía): las ajusto a medida que brotan», ha escrito Kozer. Hay, pues, un flujo incontrolado, en el que la palabra impone su derrota, y una intervención a posteriori: un acto de fijación tenue, en busca del sentido –de algún sentido–, tras la epifanía del sonido. Ello supone un reblandecimiento, una fluidificación sintáctica: el fraseo pierde toda arista; la articulación del discurso se gelatiniza, martirizada por constantes entrecruzamientos. La mezcolanza anticlimática llega a tal punto que, a veces, la turbamulta sincopada de oraciones impide la comprensión, pero eso no resta plausibilidad lírica a lo dicho. Las palabras burbujean, se multiplican, vinculadas por ecos y crepitaciones, por parentescos subyacentes. Kozer va de una cosa a otra, o, mejor, permite que el lenguaje vaya de una cosa a otra. Con ello no pretende subvertir la lógica, sino desvelarla; tampoco quiere destruir la realidad, sino afianzarla, pero afianzarla en su hacerse: en el proceso poliédrico, desmadejado, con el que la construimos. A esta voluntad realista obedecen algunos de los recursos más llamativos de la poesía de Kozer, como los incisos, con los que entreteje y amplía las líneas perceptivas, las voces poéticas y las narraciones, y, sobre todo, refleja la constante fluctuación del pensamiento, su errática y simultánea aprehensión de estímulos e informaciones diversas. Otras veces, Kozer interrumpe su discurso insertando versos brevísimos en largos bloques versiculares, o construye el poema con frases muy cortas, casi telegráficas, apiladas como los cascotes de una escombrera. También los signos de puntuación intersecan el flujo discursivo: aparecen donde no deben y no están donde deberían. Y en las repeticiones o insistencias, a las que se entrega Kozer con frecuencia, como si fueran variaciones de un mismo tema, hay mucho de obsesivo: una obsesión a la vez edificante y demoledora; una obsesión que alumbra alegatos, que son, en realidad, balbuceos; una obsesión que da cuenta de nuestro frenesí y nuestro caos. Por obra de una de esas obsesiones, en Naïf todos los poemas se titulan "Naïf". Y así empieza uno de ellos:

Me propuse comer una manzana.

Acercar una mano a la manzana colma de
          sombras la
          habitación.

Un frutero la asunción del gusano en la
          pulpa el detonar
          de unas semillas,
          quizás la irrefutable
          redondez de todas
          las cosas: un exceso
          de sombras para la
          mano.

Imposible ingerir la manzana de dentro para
          afuera, no soy gusano,
          no estoy muerto: habrá
          que comérsela en una
          sola dirección; la del
          milano cuando se
          abalanza o la de la
          astilla cuando se
          separa del árbol.

¿Acerco la boca a la manzana o me la llevo a
          la boca con todo
          su color, su peso
          y su forma?
          ¿Fauces si me
          acerco a morderla?
          ¿Enormidad de la
          forma con su peso
          y color si pretendo
          llevármela a la boca?
          Tan solo de pensarlo
          me erizo.

¿Un mordisco? Se me ponen las carnes de gallina...

Eduardo Moga

martes, 24 de junio de 2014

Carta de Rilke a José Kozer



 
Queridos/as lectores/as:

Les dejamos una curiosidad encontrada en la Red, especialmente dedicada a aquellos/as que siguen la obra de nuestro querido José Kozer.  

Publicado en: http://www.cubaliteraria.cu/articulo.php?idarticulo=17295&idseccion=79


Nota del compilador:
Estas cartas fueron encontradas en el metro de París por una anciana de la que se me negó su nombre. Se dice que estaban en un cofrecito de ébano y marfil, unidas por una cinta de color rosa, y que la nieve había borrado todo vestigio de quién las había escrito. Por mis investigaciones pude esclarecer que fueron vendidas en subasta, a un precio casi insignificante, por un comerciante a un turista, el cual las trajo en un viaje a Cuba y se las entregó a un escritor de provincia, cuyo nombre quiero conservar en el anonimato, quien las tradujo al reconocer la firma de Rainer Maria Rilke. Pero era muy difícil augurar si se trataba de sólo diez cartas o si existían más; por las investigaciones que realicé, opino que eran un muestrario del tractus poético de la Isla, que el autor de las cartas de Franz Xaver Kappus había destinado a unos escritores cubanos; pero el poseedor de las mismas, después de traducidas, las había distribuido entre amigos y poetas, quienes las conservaron hasta el día de hoy. Mi intención fue buscar todas las cartas, volver a colocarlas en el cofrecito de ébano y marfil, descifrar si ciertamente era Rilke su autor, y dar fe de todo ello, a destiempo, en esa apuesta por la poesía y los poetas de hoy.

Italia, 1903

Estimado José Kozer, poeta:

Con estas palabras reciba mi afecto y agradecimiento por enviarme su poemario BBBBB160.* Ha llegado en un momento muy importante, pues veo que su obra se adentra en ciertas zonas donde la imagen se articula a través de ella misma. De ahí que el título, que en primera instancia me resultó algo extraño, justifica su entrega, que ya tengo en mi pequeña biblioteca con la necesaria —al menos, para mí— dedicatoria.
   Su poemario es una gran experiencia alrededor del verso. Por eso la figuración de la imagen asume un hard-core a lo intelectivo, fisgoneando ciertas catedrales barrocas para edificar un mundo muy personal, cargado de esencias. Esa aproximación a la imagen me resulta lógica y entendible en la medida que el elemento visual se suma a esa dramaturgia orgiástica para golpear al lector con cada palabra. Incluso infiero que hay una delineada manualidad en su creación, pues me confiesa que escribe en hojas numeradas y que, en ese mismo orden, se consuma la entrega.
   Lo lógico pudiera, racionalmente, llevarnos a lo equívoco, por lo que desde ese mundo intelectivo abre paso a un razonamiento que me parece más espontáneo al sesgo arte de la escritura. De allí que las imágenes se fusionan y, en lo ilógico, aparentemente se especula o rumia una verdad que hace suya como si fuera un misionero.
¿Circula la sangre? Despierto, ¿reincido? Va más lento, no
cabe duda: todo a su tiempo,
en cada instancia la instancia
gobierna el movimiento.
   La sabiduría de estos textos nos recuerda los templos judíos antiguos, en tanto el arte sale de la costumbre de los ancianos y se cuece allí toda la historia anterior, como deleite o reafirmación de la historia misma: “Yo estoy mirando este mundo en rededor con la retina acuosa del / vejete…”. Ríspida es la imagen, y me resulta incluso justificable en la medida que hay una especie de letanía que asevera lo dicho. No hay aquí, en sus poemas, hojarasca ni palabras con otra beldad que la expuesta ante los ojos del lector, quien debe —infiero— asumir este poemario como un lujo para estos tiempos en que la poesía no está en su mejor momento.
   La configuración de lo real a partir de lo irreal, que tanto marcó la obra de José Lezama Lima, aquí se vuelve a ratificar, con una gran experiencia —diría vital— para poemas como “Actividad del azogue” o “Naíf”, textos estos que bien nos hablan de una rara fabulación asumida para ponderar una imagen mucho más real, más de nuestros tiempos.
   Querido Kozer, su poemario BBBBB160 es un gran bosque de imágenes donde los cedros, algarrobos y caobas se nos van imponiendo en el camino, como si fuera un laberinto o un ritual necesario para llegar a un supuesto fin. En esas demarcaciones, usted es todo un genio; quién sabe si un día logra el Premio Nacional de Literatura de su país. Yo apuesto por ello.
   Me parece un lujo esta entrega que acuña una poética tan extraña como intensa. Desde esas colinas le abrazo y le auguro, con ese mismo título de uno de sus extraordinarios poemas, “un día feliz”.

Suyo,



lunes, 16 de junio de 2014

Nuevos puntos de venta en Oviedo y Vallekas

Añadimos dos nuevos puntos de venta donde tendrán todo nuestro catálogo a disposición del público desde ya mismo, en Oviedo y en Madrid, barrio de Vallekas.


LIBRERÍA CERVANTES
C/ Doctor Casal, 9. OVIEDO
Tfno: 985 20 77 61
www.cervantes.com





LIBRERÍA LA ESQUINA DEL ZORRO
C/ Arroyo del Olivar, 34. MADRID
Tfno: 91 833 14 57
www.librerialaesquinadelzorro.com




Ya no hay excusas para no adquirir nuestros libros si verdaderamente lo deseas.


lunes, 2 de junio de 2014

Naïf, recomendación de Encuentros de lecturas para la Feria del Libro de Madrid


José Kozer.
Naïf.
El sastre de Apollinaire. Madrid, 2014.

Entre dos lindes de tinieblas, una al principio y otra al final, los 31 poemas de Naïf, el libro de José Kozer (La Habana, 1940) que acaba de publicar El sastre de Apollinaire, responden a lo que anuncia su título: una actitud ingenua y receptiva ante la realidad, que parece surgir recién creada o renovada de estos poemas que también exigen del lector un ejercicio de renuncia a su percepción discursivo y racional.

Imposible hacer poesía si no se sucumbe a Proteo, escribe Kozer a propósito de sus versos deslumbrados y deslumbrantes, de su poesía revelada que ofrece al lector revelaciones de una realidad que brota de las imágenes y la naturaleza, que evoca la música de Palestrina o Telemann, el cine de Fellini o Cecil B. de Mille, la literatura de Kafka y Juvenal o la pintura de Rousseau el aduanero.

José Kozer ha hablado alguna vez de su poesía como de un mapa de meandros, anacolutos, bifurcaciones, poemas-río, textos que fluyen libres y torrenciales o crecen como la vegetación exuberante del trópico. Y ha llamado junglas a estos textos en los que el lenguaje se adueña del poema. Junglas de senderos claros que son una metáfora de una poesía densa y difícil, de unas composiciones desbordantes en las que las palabras caen como la lluvia para hacer crecer esa selva poética.

SANTOS DOMÍNGUEZ RAMOS
Revista Encuentros de lecturas
Especial Feria del Libro de Madrid. Poesía.

viernes, 23 de mayo de 2014

El Sastre en la Feria del Libro de Fuenlabrada


Este sábado 24 de mayo comienza a las 18:00 horas la Feria del Libro de Fuenlabrada, donde El sastre de Apollinaire contará con un espacio compartido con nuestros/as amigos/as de la editorial Calambur.

Dentro de las actividades de la feria, El Sastre organizará las siguientes:
  • Martes, 27 de mayo a las 18:00 h. Pabellón de Adultos: Lectura conjunta de Ana Martín Puigpelat y Luis Luna.
  • Miércoles, 28 de mayo a las 18:00 h. Pabellón de Adultos: Presentación del libro La textura metálica del dolor, con Alberto Cubero y Leandro Alonso.
Podéis consultar todas las actividades de dicha feria en este enlace.

Y os dejamos el Horario para que vengáis a visitarnos:
Del 24 de mayo al 1 de junio, ambos inclusive.
Primer sábado: de 18 a 22 h.
S y D de 11 a 14 y de 18 a 22 horas.
L a V de 10 a 13:30 y de 18 a 21 horas.
Último domingo: de 11 a 14 horas.

LUGAR: Parque de la Fuente. C/ de las Eras. Fuenlabrada.


miércoles, 21 de mayo de 2014

Nuestro catálogo también en CAM y Vergüenza ajena

Desde hoy nuestro catálogo está disponible en las siguientes librerías de Madrid:
  • CENTRO DE ARTE MODERNO, c/ Galileo, 52. Tfno: 91 429 83 63.
  • VERGÜENZA AJENA, c/ Galileo, 56. Tfno: 912 97 70 34. 

El CENTRO DE ARTE MODERNO alberga una extensa biblioteca de libro antiguo y actual, organiza eventos a diario y además dispone del MUSEO DEL ESCRITOR, con piezas originales (objetos, dibujos y manuscritos) donadas por autores como Juan Carlos Onetti, Antonio Gamoneda, Ernesto Cardenal, José Kozer y otros muchos.

El café VERGÜENZA AJENA, es un espacio lleno de magia con apenas 7 meses de vida que va creciendo en libros y amigos. Recomendamos asistir a las JAM SESSION de poesía (todos los jueves a las 21:00 horas) que organiza el poeta Pepe Ramos, siempre con un poeta invitado de actualidad.


Allí os esperan nuestros libros.

Vitrina del MUSEO DEL ESCRITOR,
Centro de Arte Moderno, C/ Galileo, 52, Madrid.

Más objetos del MUSEO DEL ESCRITOR




Reseña de NAÏF en la revista Encuentros de Lecturas - Santos Domínguez Ramos


José Kozer.
Naïf.
El sastre de Apollinaire. Madrid, 2014.


Acaba de ocurrir, voraz, 
locuaz, de pe a pa, alfa
de la omega, entre 
arborescentes helechos, 
y una jenízara de pelo 
ensortijado más negro
que Machín (jenízara 
jabada). Un león, rijoso 
mas herbívoro ha
concurrido del brazo
de San Jerónimo a un 
cuadro del Aduanero.

Así termina uno de los poemas de Naïf, el libro de José Kozer (La Habana, 1940) que acaba de publicar El sastre de Apollinaire.

Entre dos lindes de tinieblas, uno al principio y otro al final, los 31 poemas de Naïf responden a lo que anuncia su título: una actitud ingenua y receptiva ante la realidad, que parece surgir recién creada o renovada de estos poemas que también exigen del lector un ejercicio de renuncia a su percepción discursiva y racional.

Imposible hacer poesía si no se sucumbe a Proteo, escribe Kozer a propósito de sus versos deslumbrados y deslumbrantes, de su poesía revelada que ofrece al lector revelaciones de una realidad que brota de las imágenes y la naturaleza, que evoca la música de Palestrina o Telemann, el cine de Fellini o Cecil B. de Mille, la literatura de Kafka y Juvenal o la pintura de Rousseau el aduanero.

José Kozer ha hablado de su poesía como de un mapa de meandros, anacolutos, bifurcaciones, poemas-río, textos que fluyen libres y torrenciales o crecen como la vegetación exuberante del trópico. 

Junglas ha llamado alguna vez el autor a estos textos en los que el lenguaje se adueña del poema. Junglas de senderos claros que son una metáfora de una poesía densa y difícil, de unas composiciones desbordantes en las que las palabras caen como la lluvia para hacer crecer esa selva poética.

Me voy diciendo el 
Sutra del Corazón: 
niebla, tiniebla, blanco 
soy del ave negra que
se abalanza a mi hígado 
y se
atora.

Santos Domínguez Ramos