miércoles, 23 de diciembre de 2015

EL CIELO AJEDREZ – Antonio Agudelo (con ilustraciones de Juan Carlos Mestre)

EL CIELO AJEDREZ 
Antonio Agudelo
Prólogos de Alejandro López Andrada y Verónica Aranda
Epílogo de Salvador Negro
9 Ilustraciones de Juan Carlos Mestre (a color) 
Madrid, enero de 2016 
Colección Poesía, nº 9 
98 páginas, 14 x 21 cm.
Rústica con solapas
ISBN: 978-84-938931-8-7 
Precio: 15 euros (IVA incluido)
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* * *

EL LIBRO: 
(extracto)


EL FUEGO

Hoy aquella cárcel es esta casa
oculta en su verdad de barro.
Hoy aquí debemos descubrir el fuego,
debemos descubrir dentro,
debemos encontrar el fuego,
para salir al paso y del pasado salir
hacia el encuentro del fuego
que sigue ardiendo en la luz.
Vieja piedra al edificio nuevo
y leña vieja al nuevo fuego,
porque cuanto no es ceniza es la llama,
y la llama es el nuevo fuego del fuego
que nos enciende en más vida y más luz
mucho más allá de la luz y del fuego.
Levantar la casa dando a las estrellas,
abierta al camino y el camino abierto
a la montaña, para que el camino y la montaña
vuelvan a casa de camino a las estrellas.
Rehabilitar la vieja y nueva casa,
de esa infinitud de abuelos de nuestros abuelos,
de esa infinitud de hijos de nuestros hijos,
contigo ahora presentes aquí en la llama.                                                                                                        
Hoy levanto la piedra a pie de vuelo
y edifico la casa camino a las estrellas,
cuando la casa se hace huerto de la Rosa,
en el fuego, que sigue ardiendo, en el fuego.
 


*

EL CIELO AJEDREZ

El silencio se extiende sobre la mesa del mar y apenas nada se mueve ni busca la salida. El arlequín no entra en su misterio donde el mal apaga sus países ni desaparece en batallas de la noche funeral y vacía. La luna es limpia en el cielo ajedrez, para que nada pueda caer en el cero de Dios. Sobre la mesa el pan y los colores de las frutas en platos limpios. Eso no es la dictadura militar, no todas las palabras condenan a muerte. Aquí no hay ruinas ni se deja paso a la cruda verdad del río del silencio, su próximo ataúd. El arlequín respira su humano aliento, esa sabiduría para ser feliz el día de Pentecostés. Hay café y pasteles tricolores sobre la mesa del mar, paz en los manteles. En la oscuridad del comedor, todo volvía. Es la igualdad con el otro, la dignidad de las palabras. No hay luz más allá de la revelación de la muerte: luz insumisa, luz. Apollinaire recomienda la Revolución Industrial, ser un desobediente activo como Max Ernst que dibuja el Nuevo Mundo, no un físico cuántico de la brevedad suicida en la Casa del Sueño. Es el sufrimiento inútil, la enfermedad venérea, la tortura medieval, la guerra, la infamia y hasta la misma muerte. Luz tenaz, luz. La luna es limpia en el cielo ajedrez, no enciende los huesos en el cero de Dios.  

*

CONSEJOS  NOÉ

El palacio del rey Darío no es de oro / la calavera de los teatros vacíos / la noche está patas arriba / el viejo Heidegger con un chasquido de dedos te dice pasa / la tensión del alucinado encuentro / las bodas de Pentecostés / el robo de la dictadura militar / los niños han sido devorados por los dientes del sol / pan para el día pan / la conciencia del relámpago / el monstruo de la razón que engendra sueños / dijo William Blake / el esqueleto del poema que agoniza para ser / la carestía / Tristan Tzara envuelto en trapos paralíticos / el dolor de un hombre que llora por dentro / el sufrimiento inútil / los abecedarios mudos / las soberanías del espanto / la carroña infame / las piedras contra la perra injusticia / los fracasos lloraban por la destrucción del templo / todos los relojes del mundo han sido calcinados / la tradición tiene esa mala costumbre / de añadir almas nuevas al purgatorio / el sangriento capitalismo / cortar las entrañas de la corrupción / las misiones rojas / el tigre no bebe universo en la pérdida / la poesía no es el arte de perder / pensar la luz y ser dentro del pozo es un verano muerto / el silencio de las víctimas / la derrota tiene la dignidad que la victoria no conoce / el compromiso ha de ser un desobediente activo / no metas el dedo en el ojo de un muerto / no metas la lengua en los desastres del horror / nadie es Rimbaud / un  tipo peligroso con revólver de escarcha / el amor conoce sus instrumentos de muerte / andar con pies de plomo sobre las lecturas / huye de la creencia alegórica / la didáctica medieval / la retórica del engaño / el barroco carbonizado / todos los relojes del mundo han sido  calcinados / la tradición tiene esa mala costumbre / de añadir almas nuevas al purgatorio / vive y deja vivir / busca una felicidad responsable / el descubrimiento de América / Apolo dios de la luz abandonó Nueva York y el monte del Parnaso / y ahora es pastor de estrellas en el jardín de ciudadanos / Nueva York está en nosotros / la arboleda comunal / las cajas de música / la guarida de la mesa / la serenidad es el valle del lenguaje donde silba el perejil / la dulce vida en el cibercafé / las vacas de Chagall comen ensalada de estrellas / el vestíbulo del corazón / llegan obreros y estudiantes para la revolución francesa / desatar los nudos de los altos patíbulos / liberar a los presos / libertad es la ley / la identidad desobediente / los niños han de inventar lo maravilloso para resistir a la muerte / la vida es el valor supremo / vale la pena ser feliz / Paco Picabia cree en el poder popular / las bicicletas que hacen girar el mundo / contra la telaraña de la costumbre / la filosofía tricolor / el arca de Noé / los cisnes salvados del diluvio


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ILUSTRACIONES DE JUAN CARLOS MESTRE:



  

 

Antonio Agudelo

ANTONIO AGUDELO (Villaviciosa, Córdoba, 1968) es poeta, antólogo y ensayista. Estudió en la Universidad Laboral de Córdoba. En su obra destacan: El sueño de Ibiza (1ª y 2ª edición: Diputación Provincial de Córdoba, 2008 y 2011; 3ª edición: Ediciones Depapel, 2012), la antología Paisajes corchúos (Diputación de Córdoba, 2009), Madreagua (Ediciones Depapel, 2012), La Central Térmica (Ediciones Depapel, 2012) y El mundo líquido (Celya, 2014).    
     Ha sido traducido al portugués por Aurora Cuevas Cerveró y habitualmente participa en los ciclos «Citas Literarias» de la Diputación Provincial de Córdoba, «Letras Capitales» del Centro Andaluz de las Letras y en el programa «Debajo del sombrero» de Punto y Seguido Radio (Miami, EE. UU.). En 2011 y 2012 participó en el Festival Internacional «Cosmopoética, Poetas del Mundo» en Córdoba, y en 2013 en «La Noche en Blanco» de Granada.
     Su blog: http://aagudelomartinez.blogspot.com.es/


lunes, 21 de diciembre de 2015

Juan Carlos Mestre

JUAN CARLOS MESTRE (Villafranca del Bierzo, León, 1957), poeta y artista visual, es autor de varios libros de poesía y ensayo, como La visita de Safo y otros poemas para despedir a Lennon (Edt. Calambur, 2011), Antífona del Otoño en el Valle del Bierzo (Premio Adonáis, 1985) La poesía ha caído en desgracia (Premio Jaime Gil de Biedma, Visor, 1992) o La tumba de Keats (Premio Jaén de Poesía, Hiperión, 1999). Su obra poética entre 1982 y 2007 ha sido recogida en la antología Las estrellas para quien las trabaja (2007), La poesía no es una misa cantada (edición de Carlos Ordóñez, Lustra editores, Lima, 2013), La imagen de otro espacio (edición de Manuel Ramos Van Dick, Edc. Sarita Carbonera, Perú 2013). Con La casa roja (Calambur, 2008), obtuvo el Premio Nacional de Poesía 2009. De más reciente aparición es La bicicleta del panadero (Calambur, 2012) por el que recibió el Premio de la Crítica.
Ha colaborado y hecho grabaciones discográficas con músicos como Amancio Prada, Luis Delgado, Cuco Pérez, José Zárate o Hugo Westerdahl con quienes ha realizado conciertos, performances y lecturas ante diversos auditorios  de España, Italia, Francia, Noruega, Finlandia, Suecia, Irlanda, Bélgica, Rusia, Lituania, Portugal, Grecia, Israel, Costa Rica, Yugoslavia, Bosnia-Herzegovina, Polonia, Reino Unido, Serbia, Ecuador, Cuba, Marruecos, China, Túnez, Argentina, Perú, Chile, Líbano, Colombia, Honduras, México y los EE.UU.

     Ha realizado las antologías sobre la obra poética de Rafael Pérez Estrada, La palabra destino (2001), y La visión comunicable (2001) de Rosamel del Valle, además de la edición comentada de la novela de Enrique Gil y Carrasco, El señor de Bembibre (2004); es autor de El universo está en la noche (Casariego, 2006), libro de versiones sobre mitos y leyendas mesoamericanas, asimismo ha adaptado y dirigido para el Festival de Teatro Clásico de Almagro la versión radiofónica de El perro del Hortelano de Lope de Vega con el cuadro de actores de Radio Nacional de España.
     En el ámbito de las artes plásticas ha expuesto su obra gráfica y pictórica en galerías de España, Europa, EE.UU. y Latinoamérica. En 1999 obtiene una Mención de Honor en el Premio Nacional de Grabado de la Calcografía Nacional y semejante distinción en la VII Bienal Internacional de Grabado Caixanova 2002, Premio Internacional de Arte Gráfico Atlante 2009 y III Premio Internacional de Grabado Dinastía Vivanco en el 2010.
     De su diálogo con la obra de otros artistas y poetas han surgido, entre otros, los libros Piedra de Alma, con José María Parreño (1994), Crónica de amor de una muchacha albina, con Rafael Pérez Estrada (1994), Emboscados, con Amancio Prada (1995), Bestiario apócrifo, con Álvaro Delgado (2000), Enea y los gatos, con Javier Fernández de Molina (2002), El Adepto, con Bruno Ceccobelli (2005), Arde la oscuridad, con Alfredo Erias (2007), Los sepulcros de Cronos, con el escultor Evaristo Bellotti (2007), Cazador de lunas con Javier Pérez Wallias (2007) Extravío en la luz con Antonio Gamoneda (2008) y la edición francesa de Le Bestiaire de Livermoore con Rafael Pérez Estrada (2013). También ha editado el Cuaderno de Roma, versión gráfica de La tumba de Keats (Monosabio, Málaga 2005), La mujer abstracta (El gato gris, 1997), con Ediciones El caracol descalzo libros de artista como Adiós (2012) sobre un poema de Apollinaire, Las Fábricas (2012) con texto de André Breton y Philippe Soupault, Los Proverbios Modernizados (2013) de Paul Eluard y Benjamin Péret, y acompañado con sus grabados plaquettes de Chantal Maillard, Esther Folgueral, Alexandra Domínguez, Gonzalo Rojas, Jorge Teillier, Nicanor Parra, Javier Bello, Diego Valverde Villena, Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, José Luis Puerto o Jorge Riechmann.

viernes, 31 de julio de 2015

El poeta peruano Pedro Granados escribe sobre Antonio M. Figueras

“Por otro lado, en medio del monocorde panorama general, también hemos podido toparnos con muy agradables sorpresas. Comprobar, por ejemplo, que excelentes poetas como Angela Valley, Jesús Aguayo o Antonio Moreno Figueras comparten los mismos sobresaltos de sus pares latinoamericanos: ¿cómo persistir en ensayar una voz personal en medio de tanto espejismo de mercado? u otra también pertinente y, quizá, más agobiante en Latinoamérica: ¿cómo sobrevivir sin perder el sentido del humor, sin que la política mate en nosotros lo mágico? Obviamente, en nuestra época hipercrítica nadie, mucho menos los poetas, quisieran que los tomen por ingenuos en política; mas, tampoco, creemos sea obligatorio tener que pensar y expresarnos siempre como si fuésemos ministros del interior. Sin embargo, a aquellas didácticas y, por lo tanto, simplificadoras preguntas nos responde de forma mucho mejor el poema “Esperanza”, del último de los poetas nombrados:
“Derrocado el corazón,
intento salvarme de la tragedia.
Hago como si no estuviera muerto”.

     Estimado, Pedro. Estas palabras suyas, publicadas en la revista “Babab” y referidas a mi obra, fueron como nombrarme caballero deprisa y corriendo para participar en unas justas… Me dirijo a usted porque quiero hacerle llegar mi último libro, “Ni lugar adonde ir”, publicado por “El Sastre de Apollinaire”. Me hace ilusión que tenga el libro físicamente, pero también, si lo desea, le puedo mandar un documento.

                         Un cordial saludo

                                                     Antonio M. Figueras


     
     Recibo, literalmente desde la nube, este correo de Antonio.  Mensaje del todo inesperado y casi dirigido a un otro yo, a uno que dejé en el camino.  Pero que todavía palpita, incluso para mí mismo, en aquella crónica que  –basada en los sucesos que viví en España el año 1988– titulé Desde otra margen: la última poesía española (2003).

     De la poesía de Antonio puedo decir que me sigue encantando; obra de un filólogo inspirado y de un poeta auténtico; que sabe no tomarse demasiado en serio. La risa que es prueba de vida y de entendimiento; que ya lo sabía y lo aplicaba a su aire nuestro César Vallejo.

     Paso a copiarles algunos poemas de su reciente poemario, Ni lugar adonde ir.

ZONAS COMUNES

Estación de Santa Justa.
Mi primer viaje
después del coma.
Y en esas estábamos los dos.
Charlando de nuestros asuntos.
Todo normal
si no fuera porque
no le recordaba de nada.
Así son las cosas,
porque alguien así lo dice,
como que tú eras muy puta
y de Murcia.
No iba yo a llevarle
la contraria
al psiquiatra.
El AVE demostró
que soy capaz de hablar
con cualquiera.

* * *
UN VIRUS HOMÉRICO

Siempre me consideré un troyano.
Antes que sudista.
Pero no creo en la belleza de la derrota
ni en que una mujer pueda incendiar
el mundo.
El destino ya no cuenta
entre mis tropos.
Intuyo, no obstante,
que en esa ciudad,
entre esas gentes
ardiendo,
una vez descansó
mi corazón.



Reseña de Miguel Ángel Valero sobre NI LUGAR ADONDE IR

NAUGRAFIO DE UN DESTINO SIDERAL por Miguel Ángel Valero

Antonio M. Figueras retrata al ser humano y a su destino en “Ni lugar adonde ir”.  
13/03/2015

En “Ni lugar adonde ir” (El Sastre de Apollinaire, 80 páginas) se nota que Antonio M. Figueras es licenciado en Filología Hispánica, además de serlo en Periodismo. Y que tiene ya una gran experiencia en esto de escribir poemas. Ha publicado “Poemas Complutenses” (1989) y “Nadie pierde siempre” (2006), entre otras obras.
     Figueras cuida las palabras, las estira, las retuerce hasta que dan todo lo que tienen dentro, incluso los sentidos más ocultos. Todo para retratar al ser humano y a su destino, tan bien expresado en el título de la obra.
     El ser humano, “náufrago de un destino sideral”, “forzado pasajero del tiempo”, se embarca, en medio de “la negrura total de una eternidad de arena”, en un “viaje sin retorno, hermético, inoxidable”. Allí “donde la soledad adquiera su verdadero contorno”, que es “la entraña del vacío”.
     Ese “líquido trayecto” hacia “algún puerto, lejano, adonde ni siquiera llegue el infinito”, para encontrar “sólo un camino sin señales que me lleva a parte ninguna”. Y “alojarse en el sueño de un recorrido sin vuelta”.
     Un viaje que transforma al ser humano en “un kamikaze en la inmensidad de la galaxia”, donde “la memoria se incendia hasta morir” y donde “la arena trabaja a destajo como espía del tiempo”. “Ese asesino de esquinas que bailó entre besos de café y que sólo nos dejó unas fotos borrosas y una música sin futuro”.
     Aunque reconoce que “todas las generalizaciones son odiosas”, también proclama que “todos los ríos sois iguales”, para preguntarse “hasta qué punto solo somos agua”.
     Ese viaje sirve para descubrir que “nada es eterno, ni siquiera la muerte”. Que es “buen momento para confirmar que llevamos muertos muchas vidas”.
Y, por encima de cualquier sensación, una idea: “todo seguirá siendo impostura”.


 

Reseña de Santos Domínguez Ramos sobre NI LUGAR ADONDE IR

No vine hasta aquí
buscando compañía.
Rechazo a los pioneros.
Marco Polo,
Maqroll, Ulises,
Colón
son para mí navegantes
sin sentido.

No hay aventura
en mi propósito.
Soledad tampoco
sería el objetivo
exacto.
Sólo un camino
sin señales
que me lleva
a parte ninguna.


Ese texto, Acto de fe, resume algunas de las claves de Ni lugar adonde ir, el último libro de Antonio M. Figueras que publica El sastre de Apollinaire.
Organizado en tres partes –La tarea del astronauta, Ciencias sociales y Conmigo- que trazan un recorrido de fuera adentro, Ni lugar adonde ir aprovecha la antigua idea de la vida como un viaje o como una navegación condenada al naufragio para actualizarla en un itinerario en el que importa menos lo exterior que lo interior.
Porque el de este libro es un recorrido hacia el fondo de uno mismo, ese Conmigo de la tercera parte, una búsqueda interior que desde el espacio astral se sumerge en lo hondo con paradas intermedias en el puente de Brooklyn, en la estación de Santa Justa o en Lisboa para acabar en el centro tras una singladura que había empezado en el espacio, desde este Punto de fuga:

Es hora de fugarse, 
huir a algún lugar
que no se encuentre
en las cartas de navegación,
donde la soledad adquiera
su verdadero contorno.
No hacia el sur, norte, este, oeste,
ni hacia arriba o hacia abajo.
Al centro mismo de la nada,
para cerciorarme de que ya no quedan
rastros de mí
en ningún sitio.

Poesía de línea clara, confesional y emocionada a veces, sombría a menudo, superviviente en su resistencia siempre, porque La vida sigue, / y no sabes cuánto.
Y a veces el tono es tan desalentado como en El futuro ya está aquí:

Vendrán días peores, 
sin noches.
O simplemente 
no vendrán nada
ni nadie.

O se permite un guiño humorístico como en Heráclito Fournier:

El río no es el mismo, 
pero el cauce tiene memoria
del sabor de la corriente.
En este viaje, más interior que exterior, acaba importando más el tiempo que el espacio. Y es que los poemas de Ni lugar adonde ir dibujan el mapa de una huida a ninguna parte, de un viaje lleno de incertidumbres, de una navegación o naufragio que encuentran el puerto seguro en el pasado, en un tiempo fijado en la memoria que permite reconstruir la identidad propia desde la conciencia de las limitaciones y la asimilación de la finitud.
Así lo expresa en uno de los poemas finales, Conclusiones, que termina con estos versos:

Tras pasarme la vida 
leyendo poemas 
que no entiendo 
comprenderé 
por fin 
que todo lo que destruí 
era hermoso.

Santos Domínguez
 

viernes, 5 de junio de 2015

CAFÉ HAFA – Verónica Aranda

 CAFÉ HAFA 
Verónica Aranda
Prólogo de Álvaro Valverde 
Madrid, junio de 2015   
Colección Poesía, nº 8 
82 páginas, 14 x 21 cm.
Rústica con solapas 
ISBN: 978-84-938931-7-0 
Precio: 10 euros (IVA incluido)



*  *  *

EL LIBRO:

CAFÉ MABROUK

Elijo la quietud,
aquella metafísica que gira
en torno a las teteras,
donde hay una tiempo líquido, humeante
que transcurre entre juegos de tahúr.

El tiempo medieval de relojes de arena
y de los matemáticos.

El tiempo en que el joyero corta láminas de ámbar
y el comerciante es verbo y oratoria,
entre los cofres y la platería
y gargantillas bereberes.

El tiempo de la muerte
que pasa por el zoco en parihuelas,
del amante que busca manchas de nacimiento
como revelaciones.

El tiempo en que te escondes
y te imagino en una casa antigua
donde entra poca luz
y retumba el bullicio
del sur de la medina.
   
Bajo uno de los arcos
la imprecación de los mendigos.
Recuerdos de una tarde en Udaipur.

El perfumero mezcla
lilas y bergamota.

*

MUERTE EN VENECIA
             
Dejar que el tiempo sea esta evasión
en la sala de cine,
esta mezcla de planos y ciudades de agua,
cuando contamos a desconocidos
una verdad desconcertante
después de haber estado frente al mar,  
frente a la duda y la desidia,
frente a amantes que observan a través de biombos.

Esta penumbra del cinematógrafo
nos restituye lo dejado atrás:
un estío remoto, la costumbre
de ascender las colinas de gladiolos salvajes  
donde te revolvía los cabellos.

Aschenbach come fresas,
el tinte le chorrea por las sienes,
su delirio está hecho de música y efebos.
Busca el último soplo de embriaguez.
Pasa a cámara lenta la Belleza.

*

OFICIO DE ESPERAR

Oficio de esperar
en esos bares con biombos rojos
donde todas las citas son inciertas
y mienten los amantes
que no asumen el riesgo de ciudades portuarias.

Oficio de esperar
y ese suspense,
esa bella ignorancia del origen,
cuando dudamos de los barcos
y el miedo flota en jarras
de cerveza de baja graduación.

La noche será larga, perfilada
en las ojeras de las prostitutas.
Y al final el sentido
no estará en esperar, ni en los reproches,
ni en escondernos de los compatriotas.

Habrá un abismo y en el centro mirtos.
Y ese hábito oscuro, esa sospecha,
el aislamiento que nos humaniza.